Cintia Alejandra Sosa (32) y Martín Miguel Da Silva (33), él auxiliar de máquina, ella marinera de cubierta, se casaron en el registro civil del barrio San José de Adrogué, el pasado 15 de julio.

Esta historia de amor entre nuestros marineros se inició arriba del buque escuela “Dr. Manuel Belgrano”, del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), cuando la joven pareja, luego del contacto continuo en el barco, coincidieron en sus sentimientos. Están de novios desde hace tres años y uno de sus pasatiempos preferidos es compartir con sus hijos y la familia gratos momentos de compañía mientras están en tierra.

Cintia  realizó los cursos en la escuela Omar A. Rupp, se capacitó y realizó sus prácticas en el barco, en el cual encontraría luego, al amor de su vida. Ingresó allí como estudiante y nunca pensó que a partir de ese primer relevo, en la que la llamaron para cubrir un puesto vacante, se quedaría como tripulante del buque. Luego de compartir muchas horas de trabajo juntos, de extensos diálogos y de conocerse, hoy empiezan a transitar una nueva etapa de vida juntos.

Él, vino desde Corrientes y lleva más de cinco años trabajando en el buque, realizó su capacitación en la Prefectura y nos cuenta que “ser marinero es no es una tarea fácil, ni sencilla. Los servicios que se cumplen y la forma de vida de un marinero no es igual a la de cualquier esposo, por eso la elegí a ella, porque no sólo entiende de esto, sino porque además es una muy buena compañera”.

Agregó también que “la vida en el barco es linda, hay cosas a la que te mal acostumbras y cuando te bajás, te tenés que adaptar. Nosotros en el barco tenemos todo, nos falta yerba, vamos y abrimos la alacena y ahí está. En nuestra casa es diferente, la vida en tierra firme, es muy distinta. Los otros matrimonios, quizás, son distintos, porque no pasan días, ni meses lejos de sus casas. Ser marineros es especial y la persona que te acompaña tiene que saber entenderlo”.

Cintia, al respecto dijo “Nosotros nos llevamos bien porque hacemos los dos lo mismo, pero si yo no fuese marinera se complicaría porque ellos bajan con un chip puesto y eso tiene que ver con cómo es la vida en el barco. Yo creo que la mujer del embarcado es una persona especial, tiene que serlo. Primero, porque sus esposos se van y ellas deben hacerse cargo de todo, de la casa, de los chicos, y creo que no es fácil. Segundo, porque ellos vienen con todas las costumbres del barco. A mí por suerte eso no me pasa, porque trabajamos juntos y nos entendemos mutuamente, pero sabemos que es así”.

Consultados sobre. ¿Cómo es la relación entre ustedes arriba del barco y con el resto de sus compañeros? Cada uno nos brindó su opinión al respecto.

Cintia afirmó: “Nos llevamos bien, somos muy compañeros entre nosotros y eso hace que no existan dificultades a nivel laboral. La relación con el resto de los compañeros también es muy buena. Pienso que el trato hacia una mujer es diferente que entre los varones”.

Martín, aportó: “El  tema con los otros compañeros es algo particular. En el caso de ella, que nunca antes estuvo embarcada, tuvo que aprender cómo es el trato. Normalmente, los marineros somos de alguna forma, un poco machistas todavía. Siempre queremos hacer todo y a nuestra forma. Yo ya conocía como era, porque estuve embarcado en otros buques mucho antes que ella. Entonces, durante las charlas que teníamos como compañeros de trabajo, yo también le enseñaba que aquí, en el barco, el término “compañero” tiene un significado particular, quiere decir que siempre hay que saber poner límites”.

“A lo que se refiere es que tenía que empezar a formar mi carácter. Esto se debe a que no es lo mismo trabajar en tierra que trabajar en un barco en donde vos convivís con ellos. Si o sí tenés que tener tu carácter, la mujer es más delicada que un hombre y tiene que saber poner los límites sino cualquier cosa se presta  a confusión. Yo tenía que formarme en eso,  para poder ser igual que todos y cuando lo logré, me pude integrar. Debo decirte que a la mujer siempre le cuesta más integrarse, más en un lugar en donde trabajan muchos varones. Después es como todo, al principio cuesta, hasta que uno  mismo y los otros,  también se acostumbran a la relación en un contexto laboral”, señaló Cintia.

Martín finalizó diciendo que para él “ser marinero, si bien tiene aspectos negativos porque aquí donde estamos ahora, en el buque, por lo menos salís a tierra, pero hay otros barcos en los que vos te vas y es ahí donde te empieza a laburar la cabeza, porque vos empezás a ver que te faltan los afectos, la familia, tus hijos. Sin embargo, es una experiencia única y trabajar con ella (por Cintia) es lo mejor que nos puede pasar”.